De las neuronas al aula: un diálogo entre dos disciplinas

De las neuronas al aula: un diálogo entre dos disciplinas

Por: Tatiana Sierra
Miembro SIEPSI

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El estudio de lo que sucede en nuestro cerebro cuando aprendemos y las variables involucradas en dicho aprendizaje es el futuro para mejorar la educación. ¿Está el lector de acuerdo con esta afirmación? Piénselo durante algunos segundos, porque lo expuesto en el presente blog podría brindarle algunas herramientas para llegar a una respuesta. 

La neuroeducación es un nuevo campo adscrito a las neurociencias que busca estudiar, mediante técnicas neurocientíficas, los procesos cognitivos implicados en el aprendizaje como la lectura, la aritmética, la memoria de trabajo, entre otros. Este nuevo campo se ha instaurado en el debate de la comunidad científica gracias al auge de una cultura que valora cada vez más las explicaciones neurocientíficas sobre el ser humano. Según Francisco Mora (2009), lo anterior se conoce como neurocultura, “puente a través del cual se van a unir, definitivamente, esos dos grandes cuerpos del saber, las Humanidades por un lado y las Ciencias por otro” (Álvarez, 2011, p.159-160)

De esta manera, el autor propone que aquellas disciplinas como la neurofilosofía, la neuroética o la neurosociología son válidas, pues el desarrollo de nuestro cerebro cumple un papel fundamental en la evolución del ser humano como especie y, por lo tanto, es la base de cualquier campo de estudio. Siguiendo esta lógica, es relevante comprender lo que nos propone la neuroeducación, así que adentrémonos en sus fundamentos científicos y el avance del campo en los últimos años. 

Un breve recorrido por su definición e historia

La Neuroeducación es una nueva visión que reúne la Psicología, las Neurociencias y la Educación, con el fin de comprender las bases biológicas de los procesos cognitivos implicados en el aprendizaje y la enseñanza para su posterior aplicación en las aulas (Campos, 2014). Lo llamativo y ambicioso de la propuesta neuroeducativa merece una explicación de sus orígenes y desarrollo.

 Fue el proyecto Cerebro y Aprendizaje instaurado en 1999 por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) lo que marcó la pauta para comenzar a hablar de neuroeducación. El principal objetivo de este proyecto fue consolidar los avances investigativos sobre la forma en que aprendemos, en un esfuerzo internacional por mejorar la calidad de la educación (Campos, 2014).

Como se puede observar en la anterior línea del tiempo, a pesar de ser un campo emergente y de corta trayectoria en la historia de la ciencia, la neuroeducación ha llamado la atención de diversas organizaciones interesadas en abordar la investigación educativa con miras a la mejora a nivel mundial. De hecho, en 2018 se realizó el I Congreso Internacional de Neuroeducación en Barcelona donde una de las muchas discusiones abordadas fue el avance en los aportes del campo a la mejora en la educación y las políticas públicas que la sustentan (Lluch y Nieves de la Vega, 2019).

¿Es la neuroeducación un campo consolidado de investigación?

Buscar un punto de encuentro entre tres disciplinas con tanto recorrido trae sus riesgos, por ejemplo, la aparición de disciplinas no científicas o la distorsión e interpretación errónea de los resultados obtenidos en las investigaciones. Lo primero se conoce como pseudociencias, estas “incluyen una variedad de materias basadas en prácticas, experiencias y creencias, que no utilizan el método científico pero que se ostentan como ciencia” (Lifshitz, 2017, p. 439). 

Las pseudociencias tienden a atraer muy fácilmente a las personas por lo seductor de sus propuestas, llegando a ser peligrosas por la amplia acogida y la poca teoría que las respalda. Algunos ejemplos son la astrología, la parapsicología, la alquimia y la numerología.

En el campo de la Psicología, un ejemplo importante de pseudociencias fue la frenología propuesta por Franz Joseph Gall a inicios del siglo XIX. Esta argumentaba que los rasgos de personalidad y la inteligencia podrian identificarse a partir de la forma del cráneo. A pesar de la poca evidencia científica que la sustentaba, la frenología tuvo una excelente acogida en la sociedad de la época a nivel mundial, siendo el medio para justificar la esclavitud y la abolicación de la misma (sí, sirvió para sustentar ambas al mismo tiempo), la rehabilitación de criminales y hasta escoger la esposa perfecta (Poskett, 2019).

En el campo de las neurociencias aparecen los llamados neuromitos. Estos son la malinterpretación o sobregeneralización de los resultados obtenidos en investigaciones neurocientíficas, creando desinformación y, en última instancia, una traducción incorrecta de dichos hallazgos al aula de clase (Campos, 2014).

Antes de proseguir, quisiera preguntarle al lector, ¿cuánto porcentaje de su cerebro cree que está utilizando para leer este blog? le doy algunos segundos para pensarlo. Si su respuesta fue 10% (o alguna cifra cercana) usted ya conoce de primera mano los neuromitos pues cree en uno (Mora, 2018). No se preocupe, cuando una concepción es socialmente aceptada y difundida es natural creer en ello sin cuestionar su validez. 

Los neuromitos representan la confirmación práctica del argumento de muchos investigadores en contra de la neuroeducación, quienes abogan que explicar los procesos de aprendizaje y éxito escolar únicamente a partir del funcionamiento del cerebro es una postura reduccionista. El abordaje del aprendizaje implica estudiar y considerar otras variables externas como son el contexto familiar, cultural y socioeconómico, la historia de desarrollo, las variables psicológicas como la motivación, el estrés, las habilidades escolares, sociales y la inteligencia.Autores como Bowers (2016) objetan que la observación comportamental y la historia de vida del niño/a brinda más información sobre su forma de aprendizaje que conocer los cambios en su cerebro, por lo que el estudio de las bases neurológicas no aporta nada nuevo a lo que maestros han descubierto de manera empírica durante todos los años de consolidación del campo educativo.

En contraposición, en la última década se han realizado avances innovadores para la investigación básica en educación desde metodologías propias de las neurociencias, como el uso de imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI) para el estudio de habilidades implicadas en el aprendizaje. Un claro ejemplo es la aproximación de Ghislaine Dehaene, Stanislas Dehaene (2018) en sus trabajos sobre la reorganización de las conexiones neuronales implicadas en el procesamiento de la lectura, a lo que llamaron Hipótesis de reciclaje neuronal. Esta pareja de investigadores, junto a Karla Monzalvo, realizaron un estudio con 10 niños de 6 años que comenzaban su proceso de aprendizaje lector. Realizaron tomar de neuroimágenes, entre 6 y 7 fMRI, antes y durante el primer periodo escolar de los niños. Visualizaron que antes de saber leer, el área de formación visual de palabras (VWFA, por sus siglas en inglés)  en las neuroimágenes de los niños era prácticamente indetectable, de hecho, observaron que otras zonas implicadas en el procesamiento visual de herramientas o caras eran las responsables de darle sentido a esos estímulos tan novedosos, como son las letras. Después de 2-4 meses de comenzar el proceso lector, los investigadores observaron que la VWFA comenzaba a activarse con mayor fuerza (Dehaene G., Monzalvo, K y Dehaene, S., 2018), aportándole mayor evidencia empírica a su hipótesis de que ciertas zonas del cerebro destinadas a procesar otro tipo de información, se reestructuran para dar respuesta a nuevas demandas del ambiente, como el procesamiento de símbolos para la lectura. 

A pesar de las críticas, las neurociencias tienen mucho por aportar tanto a la educación, como a la psicología, por lo que no se deberían cerrar los campos sino, más bien, buscar maneras de consolidar la transdisciplinariedad en pro del avance científico. Por esto, autores como Ansari De Smedt y Grabner (2012) proponen algunos retos para la neuroeducación o, como yo les llamaría, oportunidades de mejora:

  • Comunicación entre los campos. El diálogo bidireccional y recíproco entre las neurociencias y la educación es un insumo primordial para la mejora en los procesos educativos. Creando un mayor acercamiento entre disciplinas, desde la formación básica hasta la praxis, se pueden explorar y explotar potencialidades en investigación, se evitan los malentendidos (como los neuromitos), los prejuicios de un campo hacia el otro y se fortalece la transdisciplinariedad, necesaria para el avance científico.
  • Explicaciones biológicas del comportamiento. Como se mencionó en el punto anterior, comprender las metodologías y conclusiones alcanzadas en cada uno de los campos previene las posturas reduccionistas y pone el foco en otras variables importantes para la comprensión del aprendizaje y las habilidades escolares. 
  • Limitaciones metodológicas. Uno de los mayores retos de la neuroeducación es desarrollar nuevas metodologías para el estudio de los procesos de aprendizaje que sean más ecológicas, es decir, que se asemejen a la realidad del aula o a la forma en la que se desarrollan los procesos educativos. Las imágenes cerebrales (por ejemplo, una resonancia magnética) son un primer paso en la comprensión de los procesos cerebrales llevados a cabo al realizar actividades escolares, pero no deben ser la meta final. Entre otras dificultades metodológicas encontramos el tamaño de la muestra necesaria en cada campo para obtener resultados significativos y la aleatorización en los ensayos. 
  • Manejar las expectativas. Tanto educadores como neurocientíficos deben comprender que los resultados de la investigación básica sirven de insumo en la teoría educativa, es decir, los resultados no son directamente extrapolables a los escenarios aplicados. Son necesarias nuevas investigaciones que prueben los resultados en diversos escenarios y corroboren, en pequeños pasos, su efectividad. 

Referencias

Álvarez M. (2011). La neurociencia en las ciencias socio-humanas: una mirada transdisciplinar. Ciencias Sociales y Educación, 2(3), 153-166.

Ansari, D., De Smedt, B. y Grabner, R. H. (2012). Neuroeducation–a critical overview of an emerging field. Neuroethics, 5(2), 105-117. https://doi.org/10.1007/s12152-011-9119-3 

Bowers, J. S. (2016). The practical and principled problems with educational neuroscience. Psychological Review, 123(5), 600.

Campos, A. L. (2014). La Neuroeducación: descartando neuromitos y construyendo principios sólidos. Centro Iberoamericano de Neurociencias, Educación y Desarrollo Humano, 1-15. 

Dehaene, G., Monzalvo, K. y Dehaene, S. (2018). The emergence of the visual word form: longitudinal evolution of category-specific ventral visual areas during reading acquisition. PLoS biology, 16(3), e2004103.

Lifshitz, A. (2017). La pseudociencia y los falsos investigadores. Medicina interna de México, 33(4), 439-441.

Lluch, L. y De la Vega, I. N. (2019). El ágora de la neuroeducación. La neuroeducación explicada y aplicada. Octaedro.

Mora Teruel, F. (2018). Mitos y verdades del cerebro, limpiar el mundo de falsedades y otras historias. Paidós. 

Poskett, J. (5 de enero de 2019). Frenología: la pseudociencia que se usó hasta para “escoger la esposa perfecta”. BBC NEWS. https://www.bbc.com/mundo/noticias-46730071 

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